jueves, 1 de diciembre de 2016

FRANCISCO DÍAZ ARIAS un malagueño de Benamocarra, entrenador del "Che" Guevara


El nombre de Ernesto "Che" Guevara de la Serna (1928-1967) está unido, como ya se sabe, a la epopeya libertadora de Cuba por su contribución a la lucha revolucionaria. En cambio su vinculación al deporte, natación, fútbol, rugby, boxeo y ajedrez, es quizás la gran desconocida y en ella tuvo una gran incidencia un emigrante malagueño de Benamocarra.
Corría el mes de mayo de 1930 y un niño de dos años que después escribiría páginas importantes de la historia, le diagnosticaron una grave enfermedad respiratoria. El asma fue una tragedia familiar para Ernesto Guevara Lynch, el padre del “Che”, que por orden de su médico decidió llevarse a su hijo en 1932 a la localidad de Alta Gracia, ubicada en la Sierra Chica, al sur de Córdoba (Argentina). Allí los aires eran mucho más saludables y de esta manera Ernesto fue conociendo el asma, el asma fue conociendo a Ernesto, y ambos advirtieron que no sería fácil el pulso que mantendrían, ni la sofocada convivencia.
Nadie podía imaginar que aquel niño débil y flacucho (el asma lo hacía parecer más chico que su hermano Roberto, que era menor), se convertiría en un deportista obstinado. La gran culpa de su amor al deporte y en un principio al fútbol, le llegaría gracias a una familia de malagueños procedentes de Benamocarra que habían abandonado su tierra a consecuencias del alzamiento franquista.
Los padres de "Tito" diminutivo a la vez de "Ernestito" y que decididamente eran favorables al bando republicano en la Guerra Civil española, acogieron a varias familias de exiliados, entre ellas los valencianos Granados Aguilar y los malagueños Díaz Arias, con estos últimos tendría la familia Guevara una amistad imperdurable.
La familia de Francisco era prácticamente de El Borge, sin embargo ésta emigró a Benamocarra a principios del siglo pasado, naciendo nuestro protagonista en 1905. Curiosamente con el tiempo fue uno de los fundadores, a finales de los años veinte, del primer equipo de foot-ball que se conoce en esa localidad, hablamos del C. D. Invencible.
Paco Arias, como así se le conocía, en más de una ocasión había jugado partidos amistosos con el Vélez F. C. en la antigua plaza de toros y en el campo del Tejar de Pichilín. Lo hizo siempre invitado por su amigo y paisano, Francisco Quero Ruiz, pionero defensa en la historia del fútbol veleño y también jugador del Sporting de Málaga, "footballier" que había nacido en la vecino núcleo de Triana (Venta de Montoro) el 2 de marzo de 1910.
Los tristes sucesos acaecidos durante la Guerra Civil, hicieron que los Díaz Arias como tantas familias de malagueños tuvieran que “emigrar” forzosamente de Benamocarra. Eran los primeros días del mes de febrero de 1937, cuando esta familia tuvo que iniciar por la costa malagueña una huida con dirección a Almería. En el camino hacia Nerja, y fruto del bombardeo de los aviones alemanes e italianos que peinaron el éxodo malagueño, Paco perdería a causa de la metralla a su mujer Teresa y a un hermano de ésta, Antonio, que también les acompañaba en la huida. Arias a duras penas pudo transportarlos ya mal heridos hasta la localidad de Adra, donde ya nada se pudo hacer por ellos, siendo enterrados junto a otras personas fallecidas, al norte del viejo muro del cementerio de esa ciudad.
Una semana más tarde, desde Almería pudo pasar a Valencia y poco tiempo después llegar a Barcelona, donde tras varios días de angustiosa espera, logró superar el filtro de algunos controles militares y poder tener la oportunidad de embarcarse rumbo a la Argentina.
Caprichoso es el destino. Paco Arias, su hermano José y su cuñada María Luisa se ubicaron en los primeros meses de 1939 en la localidad de Alta Gracia (Córdoba) y muy pronto se relacionó con el ambiente obrero socialista de aquella ciudad, y con la figura de Ernesto Guevara padre.
La amistad que poco a poco fue entablando este benamocarreño con la familia Guevara, hizo que el pequeño Chancho, entonces no era popular como “Che”, conociera con más detenimiento las reglas del foot-ball y su amor hacia este bonito deporte.
Paco Arias además de trabajar de carpintero, entrenaba dos veces por semana al equipo de la escuela de la cercana localidad cordobesa de Bouer. Es por eso como, desde allí y a espaldas de sus padres, pudo alinear de guardameta al pequeño Ernestito, al que ya sus amigos también le apodaban "Pelao" por los particulares cortes de cabello que lucía.
El de Benamocarra sabía que el asma limitaba mucho al pequeño Guevara (que por entonces andaba con los hombros levantados por la respiración forzada), y pensó que si jugaba de guardameta, éste estaría siempre mucho más descansado a la vez que tendría el inhalador de Aspomul cerca de la portería y no acabaría atacado siempre por la tos. A Ernesto la idea de jugar de portero y a escondidas, especialmente en los días que tenía clase de natación (estilo mariposa) que le daba el campeón argentino, Carlos Espejo, le motivaban mucho. Era un reto para él, ya que jugaba merced a dos voluntades enormes: la suya, con la que peleaba contra la lógica y las no menos encontradas disposiciones médicas. Tanto fueron sus deseos de jugar al fútbol, que se procuraba hasta una gorrita similar a la de aquellos antiguos cancerberos que él veía retratados en la prensa. Pero eso sí, cuentan que se la ponía con la visera siempre hacia atrás.
En cierta ocasión leí al biógrafo del “Che” Guevara, Hugo Gambini, que decía: "Cuando la situación así lo requería, era capaz de dejar los tres palos y ponerse a marcar al rival más peligroso del equipo contrario con el consiguiente gran riesgo para su salud. Avanzaba como un silbido tenue y se iba descomponiendo para convertirse en una especie de rebuzno. Desfilando con la sincronía de un ejército, el jadeo, la asfixia y el miedo sobrevenían uno detrás del otro, ensayando una rutina de la que sólo se sabe que no hay que esperar al final.
Ernesto ahogado hasta añorar el oxígeno, no tenía más remedio que dejar a su equipo y corría hacia uno de los postes de la primitiva portería buscando un objeto que casi le devolvía la vida. Inhalaba profundo, se recomponía, y muy pronto regresaba al campo de juego para que los suyos volviesen a contar con once integrantes. Luego el ciclo recomenzaba, se agotaba, recomenzaba y se agotaba... ocurría varias veces por partido".
Aspira, expira, corre, salta, cae, se sentaba, estudiaba, leía, aspiraba, expiraba y corría de nuevo para encontrarse con Paco Díaz que lo llevaba a hurtadillas a jugar. Cuando en la casa paterna se descubrieron las cada vez más habituales fugas de Ernestito hacia la cancha de Bouer para jugar al fútbol, la explicación que daba Paco Arias a requerimiento del Ernesto Guevara padre, fue la misma que empleaba para tratar de comprender las otras conductas que tenía su hijo mayor. Bordeando la objetividad decía el banamocarreño: "Tiene un carácter tan rebelde Ernestito, que no he podido negarle a que jugase en el equipo de mis chicos. Además es uno de los mejores".
Como era ya de natural el ser contestatario, Ernesto se hizo del Rosario Central sin conocer nada de aquella ciudad, sólo por llevar la contraria a sus amigos del Bouer, que eran de River o de Boca. Cuando alguien le preguntaba "¿de qué equipo eres?", Él respondía con cierta altivez "de Rosario Central, soy rosarino como mi entrenador Arias".
En este equipo el Che tenía un ídolo. Se trataba de Ernesto García, apodado el "Chueco" o "El poeta de la zurda", quien después destacaría como extremo izquierdo en el Racing. Lo admiraba con pasión a pesar de que nunca le había visto en persona ni había estado en el estadio rosarino para ver jugar a su equipo. Más tarde, quizá por seguir dando muestras de rebeldía, ya en Córdoba, fue también seguidor del Sportivo Alta Gracia, contraviniendo la costumbre local de afiliarse a uno de los clubes más importantes de la ciudad, Belgrano o Talleres. Nunca explicó el Che la razón de esta militancia "revolucionaria".
Los años en Alta Gracia contribuyeron para que el cuerpo de Guevara mejorara su capacidad aeróbica, aunque no lograron sofocar el asma, que le duró toda la vida.
Ernesto Guevara no fue un jugador habilidoso, pero era total coraje y tesón. Quienes evocaron más tarde sus actuaciones destacaron que lo que más le gustaba era revolcarse por el suelo. Todos los biógrafos del Che Guevara coinciden: “Era un hombre inclasificable, heterodoxo, tan revolucionario de su propia persona como del conjunto de las cosas”.
Esa actitud ante casi todo se manifestó también en el deporte, del que probó cuantas variantes tuvo cerca, si bien quién le dio la gran oportunidad, más bien le abrió el camino para combatir su asma y mejorar su precaria salud, fue un benamocarreño, Paco Arias, al que un día el caprichoso destino le hizo cruzarse en la vida de un hombre grande. Fue para la historia su primer entrenador, recordarle hoy es volver a vivir un pasaje que muy poca gente ha podido conocer, fruto de un trabajo de investigación de algo más de cinco años.
Roberto Guevara, hermano menor del “Che”, me comentó hace algunos años cuando visitó Málaga y hablamos sobre la historia del benamocarreño y su hermano, que gracias al primero, y si su hermano no hubiese jugado quizás al fútbol, la historia igual nunca le reconocería como el comandante “Che” Guevara, sino quizás un mero y desconocido sargento… “Pelao”

jueves, 24 de noviembre de 2016

Atentado contra Maura


El 12 de abril de 1904 en Barcelona (Cataluña) el anarquista Joaquín Miguel Artal, impresionado por los relatos de torturas sobre los agricultores de Alcalá del Valle (Cádiz), apuñala en Barcelona Antonio Maura y Montaner, presidente del Consejo de Ministros, con un cuchillo de cocina gritando «Viva la anarquía!», hiriendo levemente. el político mallorquín había acompañado al Rey en los actos oficiales, y Capitanía tomó un coche descubierto para dirigirse a la Diputación, donde se alojaba ocasionalmente. Cuando el carruaje se encontraba frente a la iglesia de la Merced, un joven se acercó con un sobre en la mano y saltó al estribo mientras se quitaba la gorra. El presidente pensó que se trataba de una petición y extendió la mano para recibir el sobre, pero el chico sacó un puñal y lo hundió en el lado izquierdo de Maura, que trató de sujetar el brazo. Los pliegos del uniforme que vestía impidieron que el puñal penetrara, y todo quedó en una herida, según el informe facultativo del doctor Alavern, médico de cámara real. En el momento del atentado tenía 19 años de edad y era considerado de temperamento tímido, apocado, introvertido y solitario, pero de muy buena conducta. El agresor, mientras corría para fugarse por la calle de Sierra, fue detenido poco después. Identificado, se supo que trabajaba como sirviente para la familia de Joan Nadal y Vilardaga del número 35 de la calle Ancha, donde ya había trabajado su madre. En su poder se encontró un ejemplar del diario La Publicidad, otro de El Diluvio y otro de El Pueblo , donde venía subrayado un artículo de Vicenç Blasco Ibáñez en el que llamaba Antonio Maura «carne de Angiolillo» - por el anarquista italiano que asesinó Antonio Cánovas del Castillo. El 11 de junio de 1904 fue juzgado en la Audiencia de Barcelona, donde declaró no tener cómplices, y fue condenado a 17 años y cuatro meses de prisión, que pasó encerrado en la penitenciaría de Ceuta , donde murió enfermo en 1909. de este intento de magnicidio se hicieron eco los periódicos libertarios de la época, especialmente el Rebelde de Madrid, donde, además, Miguel Artal publicó dos artículos - «a los anarquistas» (10 de junio y 28 de julio de 1904) -, donde explicó que había cometido el atentado contra Maura, entre otras razones, «porque personificaba la más otra representación del principio de autoridad». El 8 de septiembre de 1904 publicó también en el Rebelde el cuento antimilitarista En la batalla. Asimismo colaboró en Liberación de Madrid. Al morir Miguel Artal la prensa anarquista ( El Libertario y Tierra y Libertad ) glosó su acción. La teoría de Constant Leroy en su libro Los secretos del anarquismo (1913) según la que el atentado contra Maura fue organizado por Francisco Ferrer Guardia y Francisco Miranda Concha, y con la concomitancia de Anselmo Lorenzo Asperilla, no tiene ningún fundamento y está basada únicamente en su odio antiferrerià.


sábado, 19 de noviembre de 2016

III Congreso Revolucionario de “Los desheredados” en Cádiz


Entre el 25 y el 28 de diciembre de 1884 tiene lugar en Cádiz, organizado por el grupo disidente llamado Asociación Internacional de los Trabajadores de la Región Española « Los desheredados » , el III Congreso revolucionario clandestino de esa organización . Durante el II Congreso de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) celebrado en septiembre de 1882 en Sevilla surgió un grupo radical enfrentado con el Consejo Federal de la FTRE partidario de la organización clandestina que se escindió . Después de este congreso, el Consejo Federal procedió a expulsar a los partidarios de este grupo ( Miguel Rubio, Francisco Gago, Pedro José Durán, Manuel Oca, Rafael Moreno, Andrés Barbadilla, José Rachel, Ricardo Arana, José Ponce, Antonio Bonilla ) sobre todo de Andalucía, pero también de Madrid y de Valladolid , lo que provocó reacciones contrarias en Cataluña .
El grupo escindido sostenía tesis anarco-comunistas y su representante más conocido fue Miguel Rubio. Su ámbito de incidencia se situaba sobre todo en el sur de Andalucía (Málaga, Cádiz, Sevilla) y proponía la utilización de los métodos violentos para acelerar la revolución social. Desconfiaban de las tácticas legalistas del Consejo Federal, del grupo catalán y Serrano Oteiza . Sus tesis se vieron fortalecidas por grupos de Arcos y de Jerez que aseguraban seguir los acuerdos del X Congreso General de la AIT de Londres del 14 al 19 de julio de 1881 (prensa clandestina, lucha violenta... ) . Los escindidos, llamados « Los desheredados » y encabezados por Miguel Rubio y Manuel pedrote , celebraron un I Congreso Revolucionario a finales de 1882 , que acordó mantener el extremismo del bienio de 1879-1880 , posteriormente , en 1883, se realizó un II Congreso revolucionario en Sevilla - otras fuentes exponen que estos dos congresos se realizaron el mismo 1884, el primer enero y el segundo en fecha indeterminada .
El III Congreso Revolucionario, el único constatado, ya que publicaron un folleto de la reunión clandestina, se celebró entre el 25 y el 28 de diciembre de 1884 en Cádiz y fue tachado por el Consejo Federal de la FTRE como “Congreso de los Perturbadores”. Asistieron delegados de Cádiz, San Fernando, Puerto Real, Chiclana, Jerez , Trebujena , Lebrija , Las Cabezas, Bornos, Arcos, Ubrique, Grazalema , Algatocín , Setenil , Arriate , Villamartín , Atajate , Sanlúcar, Sevilla, Arahal, Lora del Río , Marchena , Manzanares , la Campana , Huelva, Madrid, Valencia, Xàtiva , Alcoy, Barcelona, Gracia, Sant Martí de Provençals , Sabadell y un miembro de la Comisión Federal . En este congreso se elaboraron estatutos propios que limitaban la autoridad del Consejo Federal, favorecían la libertad de discusión y exigían un mayor compromiso práctico. El grupo disidente contó con un órgano de prensa, La Revolución Social (Sevilla, 1884).
Esta rama escindida entró en rápida decadencia ya que la represión contra la Internacional se centra en este grupo. Sin embargo, en 1885 todavía un manifiesto obrerista lamentaba la ruptura existente entre federados, comunistas y desheredados tal como se observó en el Congreso barcelonés de 1885. La escisión de « Los desheredados » vino a confirmar la frágil unidad de la FTRE y que existía una corriente contraria a los manejos circunstancialitas y favorable a la política insurreccionalista , muy fuerte en Andalucía , para lo cual la FTRE no tenía en consideración la desesperada situación de una parte del proletariado campesino .

sábado, 12 de noviembre de 2016

Crónica de José Martí sobre el proceso y la ejecución de los mártires de Chicago en noviembre de 1887



“Un drama terrible” fue el titular de la crónica sobre los “Mártires de Chicago” que José Martí publicó en diario La Nación de Buenos  del  1º de enero de 1888. De la extensa crónica EL PUEBLO reproduce algunos extractos, precedidos de algunas consideraciones generales.

LAS OCHO HORAS DE TRABAJO
Hay que historiar, brevemente, en el año de 1877 se dieron grandes movilizaciones obreras en Estados Unidos que eran reprimidas a balazos, golpes y prisión.  En 1880 quedó conformada la federación de organizaciones de sindicatos y en 1884 se aprobó una resolución para establecer a partir del primero de mayo de 1886, mediante la Huelga General en todo EEUU, las ocho horas de trabajo.  El 1º de Mayo de 1886 la paralización de los centros de trabajo se generalizó. La huelga paralizó cerca de 12 mil fábricas en los Estados Unidos y se produjeron marchas con miles de obreros en varias ciudades. En Chicago se paró casi completamente la ciudad. Pero algunas empresas (como en la fábrica de materiales de Mc Cormick) contrataron rompe huelgas. El 2 de mayo se realizó un mitin de los obreros despedidos de Mc Cormick para protestar y mientras uno de los trabajadores, Spies, dirigía su discurso a un grupo 7 mil trabajadores unos cuantos centenares fueron a recriminar su actitud a los esquiroles que en ese momento salían de la planta. Rápidamente llegó la policía, cuya acción dejó seis muertos y gran cantidad de heridos.

ANARQUISTAS CONDENADOS A MUERTE
Se sucedieron hechos similares en todo el país y el 5 de mayo la policía detuvo a 8 anarquistas: George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebe y August Spies. Todos eran miembros de una asociación anarcosindicalista. Fueron a un juicio totalmente manipulado, en todos los sentidos, siendo más bien un linchamiento. Se les acusaba de complicidad de asesinato aunque nunca se les pudo probar ninguna participación o relación con el incidente con bomba ya que la mayoría no estuvo presente. No se siguió el procedimiento normal para la elección del jurado. Todos fueron encontrados culpables y sentenciados a muerte, a excepción de Oscar Neebe, condenado a 15 años de prisión.
“Y ya entrada la noche y todo oscuro en el corredor de la cárcel pintada de cal verdosa, por sobre el paso de los guardias con la escopeta al hombro, por sobre el voceo y risas de carceleros y periodistas, mezclado de vez en cuando a un repique de llaves, por sobre el golpeteo incesante del telégrafo que el “Sun” de Nueva York tenía establecido en el mismo corredor… por sobre el silencio que encima de todos esos ruidos se cernía, oíanse los últimos martillazos del carpintero en el cadalso. Al fin del corredor se levantaba el cadalso.
-Oh, las cuerdas son buenas: ya las probó el alcaide.
El verdugo habla, escondido en la garita del fondo, de las cuerdas que sujetan el pestillo de la trampa.
-La trampa está firme, a unos diez pies del suelo… No; los maderos de horca no son nuevos; los han pintado de ocre para que parezcan bien en esta ocasión; porque todo ha de estar decente, muy decente… Sí, la milicia está a mano; y a la cárcel no se dejará acercar a nadie… De veras que Lingg era hermoso…
Risas, tabaco, brandy, humo que ahoga en sus celdas a los reos despiertos. En el aire espeso y húmedo chisporrotean, cocean, bloquean, las luces eléctricas. Inmóvil sobre la baranda de las celdas, mira al cadalso un gato…
Cuando de pronto, una melodiosa voz, llena de fuerza y sentido, la voz de uno de estos hombres a quienes se supone fieras humanas, trémula primero, vibrante en seguida, pura y luego serena, como quien ya se siente libre de polvos y ataduras, resonó en la celda de Engel, que, arrebatado por el éxtasis, recitaba “El tejedor”, de Heinrich Heine, como ofreciendo al cielo el espíritu, con los dos brazos en alto:

“Con los ojos secos, lúgubres, ardientes,
rechinando los dientes,
se sienta en su telar el tejedor;
¡Germania vieja, tu capuz zurcimos!
Tres maldiciones en la tela urdimos;
¡Adelante, adelante el tejedor!
Maldito el falso Dios que implora en vano
en invierno tirano
muerto de hambre el jayán en su obrador;
¡En vano fue la queja y la esperanza!
Al Dios que nos burló, guerra y venganza.
¡Adelante, adelante el tejedor!
¡Maldito el falso Rey del poderoso
cuyo pecho orgulloso
nuestra angustia mortal no conmovió!
¡El último doblón nos arrebata,
y como a perros luego el Rey nos mata!
¡Adelante, adelante el tejedor!
¡Maldito el falso Estado en que florece,
y como yedra crece
vasto y sin tasa el público baldón;
donde la tempestad la flor avienta
y el gusano con podre se sustenta!
¡Adelante, adelante el tejedor!
¡Corre, corre sin miedo, tela mía!
¡Corre bien, noche y día!
Tierra maldita, tierra sin honor,
con mano firme tu capuz zurcimos;
tres veces, tres la maldición urdimos:
¡Adelante, adelante el tejedor!’

Y rompiendo en sollozos, se dejó Engel caer sentado en su litera, hundiendo en las palmas el rostro envejecido. Muda lo había escuchado la cárcel entera, los unos como orando, los presos asomados a los barrotes, estremecidos los periodistas y los carceleros, suspenso el telégrafo, Spies a medio sentar, Parsons de pie en su celda, con los brazos abiertos, como quien va a emprender vuelo.
El alba sorprendió a Engel hablando entre sus guardas, con la palabra voluble del condenado a muerte, sobre lances curiosos de su vida de conspirador; a Spies, fortalecido por el largo sueño; a Fischer, vistiéndose sin prisa las ropas que se quitó al empezar la noche para descansar mejor; a Parsons, cuyos labios se mueven sin cesar, saltando sobre sus vestidos, después de un corto sueño histérico.
-¿Oh, Fischer, cómo puedes estar tan sereno, cuando el alcaide que ha de dar la señal de tu muerte, rojo por no llorar, pasea como una fiera de alcaidía?
-Porque -responde Fischer, clavando una mano sobre el brazo trémulo del guarda y mirándole de lleno en los ojos- creo que mi muerte ayudará a la causa con que me desposé desde que comencé mi vida, y amo más que a mi vida misma, la causa del trabajador; y porque mi sentencia es parcial, ilegal e injusta.
-Pero Engel, ahora que son las 8 de la mañana, cuando ya sólo te faltan dos horas para morir, cuando en la bondad de las caras, en el afecto de los saludos, en los maullidos lóbregos del gato, en el rastreo de las voces, y los pies, estás leyendo que la sangre se te hiela, ¿cómo no tiemblas, Engel?
-¿Temblar porque me han vencido aquéllos a quienes hubiera querido yo vencer? Este mundo no me parece justo; y yo he batallado, y batallado ahora con morir, para crear un mundo justo. ¿Qué me importa que mi muerte sea un asesinato judicial? ¿Cabe en un hombre que ha abrazado una causa tan gloriosa como la nuestra desear vivir cuando puede morir por ella? ¡No, alcaide, no quiero droga; quiero vino de Oporto! -Y uno sobre otro, se bebe tres vasos…
Spies, con las piernas cruzadas, como cuando pintaba para el “Arbeiter Zeitung” el universo dichoso, color de llama y hueso, que sucedería a esta civilización de esbirros y mastines, escribe largas cartas, las lee con calma, las pone lentamente en sus sobres, y una y otra vez deja descansar la pluma para echar al aire, reclinado en su silla, como los estudiantes alemanes, bocanadas y aros de humo.
¡Oh Patria, raíz de la vida, que aun a los que te niegan por el amor más vasto a la Humanidad, acudes y confortas, como aire y como luz por mil medios sutiles! “Sí, alcaide -dice Spies-, beberé un vaso de vino del Rin”.
Fischer, cuando el silencio comenzó a ser angustioso, en aquel instante en que en las ejecuciones como en los banquetes todos los concurrentes callan a la vez como ante solemne aparición, prorrumpió iluminada la faz por venturosa sonrisa, en las estrofas de “La Marsellesa” que cantó con la cara vuelta al cielo…
Parsons, a grandes pasos mide el cuarto…, vuélvese hacia la reja…, gesticula, argumenta, sacude el puño alzado, y la palabra alborotada, al dar contra los labios, se le extingue como en la arena movediza se confunden y perecen las olas.
Llenaba de fuego el sol las celdas de los cuatro reos, cuando el ruido improviso, los pasos rápidos, el cuchicheo ominoso, el alcaide y los carceleros que aparecen a sus rejas, el color de la sangre que sin causa visible enciende la atmósfera, les anuncian lo que oyen sin inmutarse, ¡que es aquélla la hora!
Salen de sus celdas al pasadizo angosto. “¿Bien?”. “¡Bien!”. Se dan la mano, sonríen, crecen: “Vamos”.
El médico les había dado estimulantes. A Spies y a Fischer les trajeron vestidos nuevos; Engel no quiere quitarse sus pantuflas de estambre. Les leen la sentencia a cada uno en su celda; les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero; les echan por sobre la cabeza, como la túnica de los catecúmenos cristianos, una mortaja blanca; abajo, la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso, ¡como en un teatro!
Ya vienen por el pasadizo de las celdas, a cuyo remate se levanta la horca; delante va el alcaide, lívido; al lado de cada reo marcha un corchete. Spies va a paso grave, desgarradores los ojos azules, hacia atrás el cabello bien peinado, blanco como su misma mortaja, magnífica la frente; Fischer le sigue, robusto y poderoso, enseñándose por el cuello la sangre pujante, realzados por el sudario los fornidos miembros.
Engel anda detrás a la manera de quien va a una casa amiga, sacudiéndose el sayón incómodo con los talones. Parsons, como si no tuviese miedo a morir, fiero, determinado, cierra la procesión a paso vivo. Acaba el corredor, y ponen el pie en la trampa; las cuerdas colgantes, las cabezas erizadas, las cuatro mortajas.
Plegaria es el rostro de Spies; el de Fischer, firmeza; el de Parsons, orgullo rabioso; a Engel, que hace reír con un chiste a su corchete, se le ha hundido la cabeza en la espalda. Les atan las piernas, al uno tras el otro, con una correa. A Spies el primero, a Fischer, a Engel, a Parsons; les echan sobre la cabeza, como el apagavelas sobre las bujías, las cuatro caperuzas.
Y resuena la voz de Spies, mientras está cubriendo la cabeza de sus compañeros, con un acento que a los que le oyen les entra en las carnes; “La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora”. Fischer dice, mientras el vigilante atiende a Engel: “Este es el momento más feliz de mi vida”.
“¡Hurra por la anarquía!”, dice Engel, que había estado moviendo bajo el sudario las manos amarradas hacia el alcaide. “Hombres y mujeres de mi querida América…”, empieza a decir Parsons… Una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen a la vez en el aire, dando vueltas y chocando.
Parsons ha muerto al caer, gira de prisa, y cesa; Fischer se balancea, retiembla, quiere zafar del nudo el cuello entero, estira y encoge las piernas, muere; Engel se mece en su sayón flotante, le sube y baja el pecho como una marejada, y se ahoga; Spies, en danza espantable, cuelga girando como un saco de muecas, se encorva, se alza de lado, se da en la frente con las rodillas, sube una pierna, extiende las dos, sacude los brazos, tamborilea; y al fin expira, rota la nuca hacia adelante, saludando con la cabeza a los espectadores”.
Epílogo
Los funerales de los que enseguida se empezó a llamar “Mártires de Chicago” se efectuaron el día 12 de noviembre de 1887. El ataúd de Spies iba oculto bajo las coronas; el de Parsons, escoltado por 14 obreros que llevaban una corona simbólica cada uno; el de Fischer, adornado con guirnaldas de lirio y clavelinas; los de Engel y Lingg (junto de nuevo a sus compañeros), envueltos en banderas rojas.
Las viudas y los deudos, de riguroso luto, y encabezando el cortejo un veterano de la guerra civil, con la bandera de los Estados Unidos. 25.000 personas asistieron a las exequias y otras 250.000 flanquearon el recorrido. Durante días las casas obreras de Chicago exhibieron una flor de seda roja clavada a su puerta en señal de duelo.
En 1893, un nuevo gobernador de Illinois, John Atgeld, accedió a que se revisara el proceso. Las diligencias practicadas por el juez Eberhardt entonces establecieron que los ahorcados no habían cometido ningún crimen y que “habían sido víctimas inocentes de un error judicial”.
Schwab, Fielden y Neebe fueron puestos en libertad. La hermana del testigo Waller demostró al juez que todo lo dicho por él era falso y cómo se había comprado su testimonio; se recogieron declaraciones contra el capitán Bonfield, que había manifestado: “Dénme unos tres mil de esos anarquistas y yo sé lo que voy a hacer con ellos”.
Se probó cómo el procurador especial Rice dispuso la integración espúrea del Jurado y otros delitos semejantes. Pero ya era demasiado tarde. Aquellos inocentes, “víctimas de un error judicial”, estaban muertos.
¿Y del Día de los Trabajadores.., del 1° de mayo…, qué fue en los Estados Unidos?
El dirigente Peter J. Mac Guire había propuesto en 1882 en un mitin de la Central Labor Union, de Nueva York, celebrar el primer lunes de septiembre como “Fiesta de los que trabajan”.
Así nació el Labor Day norteamericano, que se celebró el lunes 5 de septiembre de 1882 por primera vez con un desfile, concierto y picnic.
Desde entonces, y más aún luego de los sucesos de Chicago, el sindicalismo oficial de los EE.UU. con apoyo del Gobierno, celebra esa “fiesta” cada primer lunes de septiembre y ayuda con celo inigualable a los patrones para que millones de trabajadores se olviden del real sentido del 1º de mayo, y hasta de la fecha misma.
Pero no podrán borrar sobre su propio territorio, ni sobre toda la faz de la Tierra, la sombra oscilante de los ahorcados de Chicago.





lunes, 31 de octubre de 2016

Anarquía



Anarquía es un concepto que procede de la lengua griega y que hace mención a la ausencia de poder público. Puede estar relacionado con el movimiento político que propone la existencia de una organización social que no sea jerárquica o con un conflicto en un Estado consolidado (generalmente democrático).
En una situación de descontrol, en la que el Estado se debilita y ya no puede ejercer el monopolio del uso de la fuerza, suele decirse que “cunde la anarquía” porque no existe nadie que tenga la capacidad de liderazgo suficiente como para conseguir restablecer la paz. En dicha situación, el gobierno no logra aplicar la ley sobre su territorio porque está teniendo lugar un desorden político, un conflicto institucional o una crisis social. Muchas veces los ciudadanos incluso desconocen el poder del gobierno en cuestión, lo que lleva al caos. Por eso la noción de anarquía también se usa en el lenguaje cotidiano como sinónimo de barullo, descontrol o desconcierto.
Algunos ejemplos donde aparece el término son: “La oposición ha exigido al presidente que apele al Ejército para terminar con la anarquía”“La gente está harta de vivir en la anarquía, sin reglas claras”“Desde que renunció la directora, la escuela es una anarquía”.
La doctrina política que defiende la anarquía se conoce como anarquismo. Los anarquistas promueven una forma de organización social que prescinda del Estado. No creen en el dominio del hombre sobre el hombre. Para esto impulsan instituciones que se formen por el libre acuerdo de los ciudadanos, sin que exista la utilización de la fuerza.
El símbolo de la anarquía es una letra A rodeada por un círculo. Este círculo representa la unidad y el equilibrio del orden natural, sin la necesidad de un orden vertical. Otro símbolo del anarquismo es la bandera negra, ya que el color uniforme demuestra unidad y el negro refleja la pureza del ideal porque no puede ensuciarse ni mancharse.
Entre los fundamentales intelectuales del movimiento cabe mencionar a Mijaíl Bakunin (1814-1876), uno de los máximos difusores del anarquismo en Europa.
En su juventud, Bakunin trabó amistad con el poeta Nikolái Stankévich con quien comenzó a estudiar a autores filosóficos importantes como Kant, Schelling, Fichte y Hegel. Posteriormente se interesó por la política y comenzó a militar en el Partido Socialista; no obstante, sus ideas eran más ambiciosas que las que buscaban los revolucionarios del momento y más tarde debió abandonar esta militancia para formar su propio grupo político, en el que plasmaría todas sus ideas.
Dicho movimiento surgió con el nombre de Alianza Internacional de la Democracia Socialista, y dejaría en evidencia sus claras diferencias con el socialismo. Más tarde estas nuevas ideas políticas se consolidarían con la instauración del anarquismo.
Bakunin estaba convencido de que un mundo mejor era posible y para ello sólo era necesario erradicar la existencia de un gobierno autoritario. Deseaba una organización social de tipo horizontal, sin jerarquías de ninguna índole que pudieran corromper la libertad de los más desfavorecidos.
Su principal objetivo, por el que estuvo trabajando durante casi toda su juventud, fue suprimir la existencia de los Estados Nacionales y crear federaciones, constituidas por libres asociaciones agrícolas e industriales. Estaba convencido de que cualquier estructura sistemática, incluso las que contaran con un líder escogido por la mayoría del pueblo era mala y estaba condenada al fracaso.
Entre las principales propuestas de Bakunin la más resaltable fue la búsqueda de una sociedad democrática que no se rigiera por las leyes de la economía sino que apostara por la igualdad y la unión social.
La principal máxima de este intelectual fue: “Es proponiéndonos lo imposible como podremos lograr lo posible“.


"Solo existe un sentimiento mayor que el amor a la libertad, el odio al que te la quita"


lunes, 24 de octubre de 2016

Un informe recoge 5.022 casos de torturas policiales en Euskadi


El 46% de los testimonios recogidos por la Fundación Euskal Memoria apuntan a la Policía Nacional, mientras que otro 42% refiere a la Guardia Civil. También hay un 7% que señala a la Ertzaintza como responsable de los malos tratos. “Es una realidad que ha estado oculta durante años”, señalan los autores de este estudio, que abarca el periodo comprendido entre 1947 y 2014.

DANILO ALBIN
Los años pasan, pero hay pesadillas que no se borran. Iñaki Cuevas, ex militante de ETA en los años del franquismo, jamás borrará los golpes con varillas que le daban en los talones. Su cuerpo, que por momentos parecía el de otro, retumbaba ante cada latigazo. Ocurrió en 1973 en un cuartel de la Guardia Civil en Bilbao. 43 años después, su historia aparece, por fin, reflejada en un listado de víctimas. Está junto a otros cinco mil casos de distintas épocas, documentados por la Fundación Euskal Memoria. Unos cuantos pertenecen a los años de la dictadura, pero muchos –escandalosamente muchos- corresponden a la democracia. 

“Estamos hablando de una realidad que ha estado oculta durante muchos años”, señalaron a Público desde Euskal Memoria. Para tratar de romper ese hermetismo, el Centro de Documentación de esta fundación emprendió una campaña dirigida a reunir testimonios sobre malos tratos en comisaría. El resultado: 5.022 “casos verificados” –todos ellos bajo declaración jurada- de torturas, registrados entre 1947 y 2014.



“Hasta este momento no se había producido una recogida sistematizada de testimonios –destacan sus autores en la introducción de este informe-, pero ahora ha sido posible verificar caso por caso las denuncias realizadas y gracias a la colaboración desinteresada de muchas personas se ha conseguido llegar a este resultado, que posee un total grado de fiabilidad”.
Las estadísticas indican que el 46% de las denuncias apuntan a la Policía Nacional y el 42% a la Guardia Civil. La Ertzaintza registra 350 casos (7%), mientras que los “cuerpos de seguridad de otros estados”- son responsables de los 199 restantes. En cuanto a sexos, 4.224 de los denunciantes son hombres y 798 mujeres. “También se constataron 776 casos de personas que fueron detenidas y no sufrieron torturas, lo cual desmiente la teoría oficial de que había una especie de ‘manual de denuncias’ de malos tratos”, señalaron a Público los responsables de este estudio.

En un anterior estudio, esta organización consiguió establecer cuántos de estos casos acabaron en sentencias judiciales: desde que murió Franco, en España hubo 62 miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado condenados por torturas. Los gobiernos del PP y del PSOE indultaron a 36 de ellos. A día de hoy ninguno está en la cárcel.
Golpes que matan
El primer nombre que figura en el listado de Euskal Memoria es el del navarro Evaristo Albéniz Barragán, torturado por la Guardia Civil en 1947 en Donostia. También hay otros casos muy conocidos, como el del militante de ETA Joseba Arregi, quien fue víctimas de brutales palizas en la Dirección General de Seguridad de Madrid. Ocurrió en febrero de 1981. De acuerdo a la base de datos de Euskal Memoria, a lo largo de ese año se registraron otros 282 casos de torturas. 
                                                                                                          
Otra de las historias fatídicas lleva el nombre de Gurutze Yanci, ex concejala de Herri Batasuna en Urnieta (Gipuzkoa). Fue detenida el 22 de septiembre de 1993 en su domicilio por la Guardia Civil, bajo la acusación de estar involucrada en el secuestro del empresario Julio Iglesias Zamora. Dos días después murió en el cuartel de Tres Cantos (Madrid). En ese mismo operativo también había sido detenida su amiga Karmele Urbistondo, quien denunció malos tratos y vejaciones sexuales por parte de los agentes. Su caso también está incluido en este informe.




lunes, 17 de octubre de 2016

Encuentro memorialista de la CNT-Andalucía en Alfacar




El pasado  sábado día 15 de octubre, una treintena  de personas miembros de la CNT de distintos sindicatos de  Andalucía y simpatizantes, nos reunimos en un acto memorialista en el pueblo Granadino de Alfacar, donde, desde el 19 de septiembre de este año, se están haciendo unas excavaciones para localizar los cuerpos de dos compañeros de la CNT, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas fusilados en la madrugada del 19 de agosto de 1936. Juntos a ellos fueron asesinados Dióscoro Galindo, maestro de escuela republicano, y el poeta  Federico García Lorca. Sus cuerpos, una vez asesinados, fueron arrojados a uno de los tres pozos existentes en el denominado peñón colorado, frente al cortijo de Los Llanos de Corvera, de Alfacar, a unos 500 metros del Barranco de Víznar.
Al mediodía la compañera Patricia Aznar, arqueóloga de la CNT de Barcelona, y coordinadora actual de grupo de memoria en los trabajos de la excavación de la CNT, nos estuvo dando una charla in situ, sobre el desarrollo de las excavación y el proyecto Alfacar, donde la CNT junto a la asociación “Regreso con honor” se han personado ante la junta de Andalucía para hacer posible esta excavación y la posible exhumación de los cuerpos.
Posteriormente el historiador granadino Miguel Caballero, nos deleitó con una clase magistral de historia recreando el golpe de estado del 18 de julio de 1936 y la represión que se llevó a cabo en este pueblo de Granada.
Al acabar el evento en el lugar de la excavación, fuimos al barranco de Viznar donde se encuentran más de 400 cuerpos, enterrados en varios pozos y fosas comunes, hombres y mujeres que fueron vilmente asesinados por la barbarie fascista.
Agradecemos al compañero Fran Andújar del sindicato de la CNT de Granada su información histórica de ese lugar.
Llego la hora de alimentar nuestros cuerpos y fuimos al restaurante “Ruta de Lorca” donde habíamos apalabrados un menú vegetariano y otro convencional a buen precio. Después del cafelito, infusión o simplemente un ratito al sol en la terraza del restaurante, pasamos a un salón donde tuvimos una reunión para la continuación del grupo de trabajo para la recuperación de la memoria histórica de la CNT en Andalucía.
Bien entrada la tarde, terminamos la reunión y cada un@s nos fuimos marchando para nuestras respectivas provincias.   
Conclusiones personales: No olvidemos jamás que los fascistas siempre impondrán sus ideas por la fuerza.
Que los pueblos que no recuerdan su pasado están condenado a repetirlo.
Que como cenetistas tenemos el deber y la obligación de recuperar la memoria de ellos, porque ellos son el legado de nuestra historia, son las raíces de este sindicato y un árbol sin raíces, no dará fruto y tarde o temprano terminara secándose.
Olvidarlos con el paso del tiempo es el peor de los castigos, para aquellos hombres y mujeres que derramaron su sangre, por esta noble y justa causa. La anarquía!!! 

*El grupo de voluntario en los trabajos de excavación y posterior exhumación de CNT en Alfacar (Granada). No recibe subversiones, se mantiene aquí gracias a las aportaciones voluntarias de los militantes de los sindicatos de la confederación  o personas afines.
Aquí os adjunto un número de cuenta. Cualquier contribución será muy bienvenida.
Triodos Bank ES35 1491 0001 2921 4175 1129







Memoria Histórica CNT Málaga





jueves, 13 de octubre de 2016

Isabel II tuvo doce hijos, ninguno de su marido y uno de ellos fue Alfonso XII. ¿Quién fue el padre de Alfonso XII?



Un extraordinario libro de investigación histórica, de la escritora e investigadora María Nieves Michavila Gómez.

El libro en cuestión aporta muchas novedades y vías de investigación sobre quién fue el padre de Alfonso XII y las intrigas que en torno a esa paternidad se dieron. Siendo un libro de investigación histórica que no me cabe duda de que sentará las bases para que otros investigadores continúen la labor emprendida por María Nieves Michavila Gómez, es un libro ameno, tanto o más que muchas novelas, y que desde luego, a mi como aficionado a la historia me ha cautivado, y por tanto lo recomiendo.
Es importante conocer la historia, pero la historia se escribe en no pocas ocasiones a sueldo de quien tiene el poder. Voces desde el más allá de la historia, nos muestra con más seriedad que yo voy a exponer aquí, la historia no oficial. La historia que es preciso investigar y que María Nieves Michavila lleva a cabo de manera rigurosa, sirviéndose a través de una investigación tenaz y exhaustiva y a la vez de fuentes directas llegadas directamente de sus antepasados, mostrándonos uno de los secretos mejores guardados de los borbones españoles: ¿Quién fue el padre de Alfonso XII?
La legitimidad de la monarquía se basa en la sangre del rey transmitida por vía sexual a la reina, pero los borbones, casi todos ellos muy “amorosos”, no dan los perfiles, ni reyes ni reinas de que esa legitimidad de la sangre se transmite realmente. Voces desde el más allá de la historia, nos demuestra que la historia se manipuló para ocultar esa falta de legitimidad.
En el siglo XVIII hasta el presente, empieza a gobernar España los borbones. Felipe V, fue gobernante de pocas luces y desarreglos mentales, era "el enfermo imaginario" unos días y se creía difunto otros, mandando que lo enterrasen... No se cortaba el pelo ni las uñas de los pies. Por la noche mandaba a encender cientos de luces y de día mandaba correr todas las cortinas y permanecía en oscuridad. Se quedó viudo pronto y se casó con una muy mala mujer, Isabel de Farnesio, la serpiente cascabel menos mortífera que ella
A continuación vino Luis I de Borbón, hijo de Felipe V. se casó con 16 años y su esposa Luisa Isabel de Orleáns con 13 años. La reina solo pensaba sino en comer, beber y mostrarse y acostarse con toda la guardia real. El rey, al que el pueblo español llamó el "Bien Amado", mientras la reina disfrutaba del cuerpo de guardia él de lo hacía de las prostitutas que rondaban entonces cerca del Retiro. Enfermó de viruela y murió sin cumplirse ni un año de su reinado.

Fernando VI, hijo de un segundo matrimonio de Felipe V, este nuevo rey era amigo de la soledad, la suciedad y de golpear a sus servidores, heredando los extravíos mentales de su progenitor.
De Carlos III, poco que decir, solo que fue el mejor de todos los borbones, incluido los actuales, con muchas manías enfermizas. 
Carlos IV, hijo del anterior, cuya esposa y prima Mª Luisa de Borbón, según los rumores de la época, tuvo varios amantes entre ellos a Godoy, válido o primer ministro de su marido, con los cuales tuvo al menos catorce hijos y diez abortos, todo un récord... Suyas fueron las palabras:
“Con la muerte de mi marido desaparece la dinastía Borbón, pues ninguno de mis hijos es suyo”
Del presunto hijo de Carlos IV, el futuro Fernando VII, además de ser un traidor a España y de ostentar el récord de ser el peor rey de la historia España, tenía otros muchos records a tener en cuenta: un miembro viril, del tamaño de un pony, y aquí no es diminutivo, sino exagerado para un hombre. Con el cual se dedicaba a violar a toda la que se le ponía por delante con total impunidad. Tuvo cuatro esposas y varias amantes (una de ellas madre del padre del futuro rey Alfonso XII, atentos a este dato, que nos desvela Voces desde el más allá de la historia). Dicen que las malas lenguas que alguna de sus esposas, amantes o marido de sus amantes murieron en extrañas circunstancias.
Buscando el sucesor al trono, Fernando VII se casó por cuarta vez con la hija de los reyes de Nápoles, Mª Cristina de Borbón, sobrina carnal suya, a la cual, muy romántico él, la viola la noche de bodas. Once meses después nace Isabel II. No es que fuese el embarazo de la burra. Lo cierto es que tuvo nueve hijos más, de los cuales las dos primeras eran hijas del rey, que la palmó de tanto abuso sexual. 

Ahora María Cristina, es la reina o gobernanta de España,recordar :
"María Cristina me quiere gobernar y yo le sigo la corriente"
Se casa en secreto con un sargento con el cual tiene ocho hijos, sin poderse casar porque dejaría de ser reina regente, la gobernanta debía ponerse vestidos muy anchos para disimular cada uno de sus ocho embarazos. De ella se decía que
“La Regente es una dama casada en secreto y embarazada en público”.
La reina Isabel II subió al trono con 13 años y tres más tarde, ya estaba casada con su primo Francisco de Asís de Borbón, que no podía mear de pie. Hombre afeminado, al cual llamaban Paquita Natillas.


De ahí que la reina tuviera varios amantes, uno de ellos Federico Puig Romero, antepasado de la autora. Isabel II tuvo doce hijos, ninguno de su marido y uno de ellos fue Alfonso XII. ¿Quién fue el padre de Alfonso XII? Este gran misterio nos lo descubre Voces desde el más allá de la historia, o al menos sienta las bases para descubrir, quién fue el padre de Alfonso XII. La respuesta en Voces del más allá de la historia.